Hoy hablamos de algo que me gusta mucho, y siempre que puedo viajo para poder verlo con mis propios ojos: el castillo medieval.
A lo largo de los años, se ha ido romantizando la imagen del castillo medieval y ahora es un escenario recurrente para muchas novelas de fantasía, series y películas. Por eso, hoy vengo a desmontar cinco mitos que se han ido estableciendo con el paso del tiempo.
Mito 1 Todos los castillos tenían un foso y un puente levadizo
Estoy segura de que si tienes un castillo en mente lo estarás viendo con foso y puente levadizo, y es que el cine en muchas ocasiones nos los ha mostrado de esa forma.
Pero ten en cuenta que muchos castillos medievales fueron construidos sobre elevaciones —como colinas naturales—, rodeados por ríos o incluso sobre acantilados escarpados. No hacía falta crear un foso cuando el mismo terreno te entrega una defensa natural.
Y lo mismo ocurre con los puentes levadizos: no todos los castillos los necesitaban, aunque claro está que fueron un recurso defensivo muy útil. Dependiendo de su ubicación y de cómo estuviera construido el acceso, podían contar con puentes fijos de piedra o de madera, rampas u otros sistemas de entrada.
Así que no, no todos contaban con fosos ni puentes levadizos. La arquitectura defensiva tenía que adaptarse al terreno y a las necesidades de cada fortaleza.

Mito 2 Los castillos eran lujosos y se vivía muy bien
¿Cuántas veces hemos visto a los reyes, príncipes y princesas vivir en un castillo? ¿Cuántas veces has soñado con hacer lo mismo?
Una vez más, el cine nos muestra una cara muy amable en comparación con la realidad, aunque aquí debo hacer una distinción: no todos los castillos fueron iguales ni se vivió en ellos de igual modo durante toda la Edad Media —recuerda que fue un periodo de casi mil años—.
En los primeros siglos, muchas fortalezas fueron pensadas para la defensa, no para ser cómodas. Las estancias podían ser frías y poco luminosas, ya que la luz natural solo podía entrar a través de pequeñas ventanas, concebidas para ofrecer mayor seguridad.
Y si hablamos de la distribución… No podemos imaginarnos siempre grandes salones conectados de manera ordenada. Algunas partes del castillo estaban diseñadas pensando en la defensa, como por ejemplo accesos estrechos, escaleras y recorridos que dificultaran la entrada de un enemigo.
Pero las cosas fueron cambiando poco a poco. Durante la Baja Edad Media, algunos castillos se convirtieron en auténticas residencias señoriales, con estancias más amplias, ventanas grandes y una preocupación creciente por el bienestar.
Un buen ejemplo de esto es el Alcázar de Segovia, que fue residencia de los reyes de Castilla y que llegó a convertirse en uno de los grandes palacios reales medievales.
Así que sí, hubo castillos incómodos y poco acogedores, pero también los hubo lujosos. Todo depende de qué castillo y de qué momento de la Edad Media estemos hablando.
Mito 3 Todos los castillos eran enormes fortalezas de piedra
Si pensamos en un castillo medieval, posiblemente pensemos de forma automática en una construcción enorme de piedra, con murallas altísimas, bastantes torres y almenas.
Pero durante buena parte de la Edad Media muchos castillos no se parecían en nada a esto.
Uno de los primeros tipos de castillo que se extendió con fuerza en los territorios bajo dominio normando fue el llamado «castillo de mota y bailey». Así, a grandes rasgos, estos castillos consistían en una elevación de tierra —natural o artificial—, la llamada mota, sobre la que se levantaba una fortificación, a la que acompañaban otras construcciones situadas en el bailey, el recinto asociado. Y si quieres saber de qué estaban hechas, te diré que de tierra y madera, por lo que se podían construir con relativa rapidez.
Es cierto que la piedra fue ganando protagonismo a medida que pasaba el tiempo, ofrecía una mayor resistencia y las estructuras eran más duraderas, pero levantar una construcción de piedra era mucho más costoso: requería gran cantidad de recursos y mano de obra.
Por todo ello, cuando imagines un castillo medieval de piedra, ten en cuenta que estás viendo solo una parte de una historia que duró siglos.
Los castillos evolucionaron junto con las técnicas de construcción, las necesidades militares y la sociedad medieval. No todos nacieron siendo esas enormes fortalezas que asociamos hoy en día a la Edad Media.
Mito 4 Los castillos solo servían para defenderse de los enemigos
Otra de las cosas que solemos pensar cuando hablamos de castillos medievales es en la guerra: soldados luchando, catapultas, enemigos golpeando las puertas con un ariete…
Y sí, defenderse era una de sus funciones principales, pero no era la única.
Un castillo no estaba aislado del territorio que lo rodeaba, sino que formaba parte de una estructura política, económica y social mucho más amplia: podía servir para controlar el territorio, almacenar recursos o gestionar los asuntos del señorío.
Y, por supuesto, también era una forma de demostrar poder.
Construir una fortaleza requería una gran inversión, así que sus torres y murallas no eran solo una señal de que se podían defender. Eran una señal de dominio sobre ese territorio.
Mito 5 Todos los castillos tenían mazmorras donde se torturaba a los prisioneros
Llegamos a uno de los grandes clásicos del cine medieval. La mazmorra.
Seguro que te imaginas algo como esto: una habitación subterránea, oscura y húmeda, paredes de piedra, cadenas colgando y el pobre prisionero esperando a ser torturado o conducido a la horca, ¡qué sé yo!
Es cierto que algunos castillos sí tuvieron espacios destinados a encerrar prisioneros, pero de ahí a que todos los castillos tenían mazmorras hay bastante trecho.
Los castillos podían contar con sótanos, almacenes, letrinas, estancias para el servicio y otros espacios situados en zonas inferiores. Y no te digo que algunas de estas salas no se usaran para mantener a personas bajo custodia, claro que pudieron hacerlo, pero no todas se construyeron con ese fin.
Además, no podemos asumir que cualquier habitación subterránea de un castillo era una prisión. Con el paso del tiempo, algunos de estos espacios cambiaron su función —como te he dicho antes, los castillos evolucionaron con el tiempo— y en épocas posteriores recibieron nombres e interpretaciones que no necesariamente corresponden con su uso original.
Y sí, hubo castillos que funcionaron como prisiones y en los que se produjeron torturas —como en Oxford Castle, que se ha documentado la custodia y tortura de un prisionero en el siglo XIII—, pero te digo que la típica mazmorra de tortura no era una habitación imprescindible en la arquitectura de un castillo medieval.
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Quizá lo más interesante de todo esto es que no existe un único castillo medieval. Durante casi mil años fueron cambiando, igual que lo hizo la sociedad que los construyó y habitó.
Creo que por eso me gustan tanto. Porque cuando visitas uno, no estás viendo un montón de piedras: estás viendo las huellas de las personas que pasaron por allí, de las guerras que vivieron.
Y ahora quiero saber una cosa: ¿cuál de estos mitos te ha sorprendido más? Te leo en comentarios.
Antes de irte quiero que sepas que podemos seguir desmontando mitos, claro. La Edad Media está llena de historias que creemos conocer, pero que, cuando rascas un poco, resultan ser bastante más interesantes.
Si te apetece seguir descubriendo conmigo esa Edad Media que hay detrás de las historias de fantasía, puedes sentarte junto a la lumbre y acompañarme en Entre tinta y ceniza.
Entre tinta y ceniza
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