castillo medieval

¿Cómo era un día normal en un castillo medieval?

¿Alguna vez te has preguntado quién encendía el fuego en un castillo medieval o quién se encargaba de cocinar?

Eso de que el día empezaba cuando se levantaba el señor no tiene ni una migaja de verdad. El día comenzaba muy temprano para algunos y terminaba muy tarde para otros. Las rutinas medievales podían ser muy variadas, y sí, dependía de tu trabajo o tu posición.

Hoy te cuento parte de cómo eran estas rutinas, pero no es ningún horario universal.

1. Al amanecer

Como ya sabes, antes no había relojes como los que conocemos ahora. La gente se guiaba por el sol, las estaciones, la luna… Así que no, no escribas en tu novela de fantasía medieval que el mozo de cuadras tenía un reloj despertador moderno por dos motivos: la increíble bofetada que le vas a dar al lector y la posible consecuencia de que cierre tu libro. Cuidado con los anacronismos, y más si están tan claros.

El caso es que cuando se levantaba el señor, muchos sirvientes llevaban horas levantados. Alguien debía organizar el día en las cocinas, dar de comer a los animales, preparar el fuego, ir a por agua…

Por no hablar de los guardas, que tenían sus propias obligaciones de vigilancia.

2. Durante el día

Es importante saber que no todo el mundo vivía igual, cada cual tenía sus quehaceres.

El señor y sus administradores podían ocuparse de asuntos políticos, económicos y judiciales.

Los soldados debían vigilar, pero también estar preparados para defender el castillo si era necesario.

Las necesidades del castillo eran atendidas por una serie de trabajadores como los mozos de cuadra, cocineros e incluso artesanos.

Y el clero se ocupaba de los servicios religiosos, aunque en algunos casos también podían ocuparse de tareas administrativas.

3. La hora de comer

La hora de comer era algo más que sentarse a la mesa. Bueno, el señor llegaba y se sentaba, pero para que él pudiera comer los sirvientes debían trabajar duro.

Preparar una comida no era como ahora, que abrimos la nevera y en cinco minutos puedes tener preparado un filete. En esa época había que conseguir los alimentos y almacenarlos bien, encender el fuego, cocinar y ya entonces servir. Y es que un castillo no era solo un gran salón —ahora te hablo de ello—, también había cocinas, almacenes, estancias del servicio y otros espacios que hacían posible la vida cotidiana. Si quieres hacerte una idea de cómo se organizaba todo aquello, puedes echar un vistazo a la crónica «¿Cómo era un castillo por dentro?».

El gran salón era un espacio importante para las comidas y reuniones sociales, pero no todos comían allí, ni siquiera comían lo mismo. Esto, en gran parte, se debe de nuevo a la posición social, que influía en lo que se comía, dónde se comía y cómo se servía la comida. Así que eso de ver a los habitantes del castillo comiendo en el gran salón todos juntos… No, no era habitual que todos los habitantes del castillo comieran juntos en el mismo sitio y al mismo tiempo.

4. Al caer la noche

Aquí parece que ya vayan todos a descansar, pero no. Aunque llegaba la noche, el castillo debía seguir en funcionamiento.

Los guardas debían seguir vigilando, otros debían atender el fuego en las estancias que fuera necesario —y más si era invierno, algunas chimeneas debían seguir encendidas—, otros atender a los animales antes de que se durmieran y unos pocos estar atentos para cumplir las necesidades de los que se quedaban despiertos.

Eso sí, quienes habían terminado sus tareas podían descansar.

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Detrás de las murallas había personas con obligaciones, no solo el señor y su familia. Y esto, insisto, no era universal: no todos funcionaban igual. La vida cotidiana variaba según la época, las dimensiones de la fortaleza y las circunstancias, porque no era lo mismo vivir en tiempos de paz que durante una guerra.

Cuéntame, ¿qué aspecto de la vida cotidiana te hubiera gustado conocer de primera mano? Yo con estar allí presente viéndolo todo me vale, ¿y tú? Te leo en los comentarios.

Antes de irte, quiero invitarte a seguir explorando conmigo todo lo que hay detrás de las historias de fantasía.

Si te apetece seguir compartiendo este viaje conmigo, puedes acompañarme en Entre tinta y ceniza.

Entre tinta y ceniza

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